Procura que guarden un grato recuerdo de ti – la importancia del trato con los demás

El poder de las personas

Relacionarse con la gente ofrece infinitas recompensas. Y ya se trate de omenzar en un nuevo empleo, (obtener un ascenso, conseguir una venta, hechizar a un nuevo partenaire, electrificar a la audiencia o superar el examen de los futuros suegros, si le caes bien a la gente, poseerás una llave que te abrirá todas las puertas.

Las personas son tu recurso principal. Ellas te crean, te alimentan, te visten, te proporcionan dinero, te hacen reír y llorar; te consuelan, te curan, invierten tu capital, reparan su coche y te entierran. No podemos vivir sin la gente. Tampoco podemos morir sin ella. Nuestros antepasados ya se relacionaban hace miles de años cuando se congregaban en torno a la hoguera para comer gruesos filetes de mamut, o cuando cosían juntos las prendas de pellejo de animal de la última moda. Es lo mismo que hacemos cuando organizamos reuniones para discutir cualquier tema, o torneos de golf, conferencias y ventas de mercadillo; la comunicación subyace a nuestros ritos culturales, de los más serios a los más frívolos, es de bodas y funerales hasta convenciones sobre la muñeca Barbie y concursos de comedores de espaguetis.

Hasta el más antisocial de los artistas y poetas que se pasa largos y laboriosos meses pintando en un estudio o componiendo en un cubículo junto a su dormitorio suele tener la esperanza de poder llegar a conectar con el público a través de sus creaciones. Y es que la comunicación descansa en pleno centro del triángulo que forman estos tres pilares de nuestra civilización democrática: Estado, religión y televisión. Sí, la televisión. Teniendo en cuenta que puedes hablar de Friends o de Expediente X con tus amigos de Tokio o de San Francisco, resulta evidente la habilidad de la tele para ayudar a la gente a comunicarse a lo largo y ancho de este mundo.

Miles de personas influyen en todos los aspectos de nuestra vida, ya sea el hombre del tiempo de una tele local, el técnico de una compañía de teléfonos estatal o la mujer de Tobago que elige los mangos para confeccionar una macedonia de frutas. Cada día, consciente o inconscientemente, efectuamos una miríada de conexiones con gente de todo el planeta

 

Primeras impresiones

Para los propósitos de este libro, existen tres etapas a la hora de conectar con la gente: el encuentro, el establecimiento de una buena armonía y la comunicación.

Estas tres partes se suceden rápidamente y tienden a solaparse y a mezclarse entre sí. Nuestro objetivo es que devengan lo más naturales, fluidas y fáciles posible, y  sobre todo que sean agradables y gratificantes. Obviamente, empiezas el proceso conociendo a la gente. A veces se conoce a alguien por casualidad (una mujer en el tren que resulta que comparte tu pasión por las películas de Bogart), y en ocasiones porque así lo queremos (ese hombre que te ha presentado tu primo porque le encanta Shakespeare, los buenos vinos y los deportes de aventura, como a ti).Si conocer a alguien significa el encuentro físico de dos o más personas, comunicar es lo que hacemos a partir del momento en el que somos completamente conscientes de la presencia de la otra persona. Y entre estos dos acontecimientos

El encuentro y la comunicación

se extiende el período de 90 segundos de establecimiento de buen entendimiento o de armonía que los enlaza.

El encuentro

Si transmites la impresión adecuada durante los primeros tres o cuatro segundos de un nuevo encuentro, creas una percepción de que eres sincero, seguro y digno de confianza, y la oportunidad de ir más allá y crear una buena armonía se presenta por sí misma.

El Saludo

Llamamos «saludo» a los primeros segundos de contacto. Los saludos se subdividen en cinco partes: Ábrete – Mira – Sé radiante – ¡Hola! – Inclínate. Estas cinco acciones constituyen un programa halagüeño para llevar a buen puerto un primer encuentro.

Ábrete. La primera parte del saludo consiste en abrir tu actitud y tu cuerpo. Si lo haces como es debido, habrás decidido ya una actitud positiva adecuada para ti. Es el momento para sentirla y ser consciente de ella. Comprueba que tu lenguaje corporal es abierto, accesible. Si presentas la actitud adecuada, todo irá sobre ruedas. Apunta tu corazón directamente a la persona con la que te encuentras.

No lo cubras con tus manos o tus brazos y, si es posible, desabrocha tu chaqueta o tu abrigo. Mira. La segunda parte del saludo concierne a tu mirada. Sé el primero en el contacto visual. Mira a la persona directamente a los ojos. Deja que tus ojos reflejen tu actitud positiva. Nunca olvides lo siguiente: ¡el contacto visual es el contacto real.

 Acostúmbrate a mirar de verdad a los ojos de la gente. Cuando mires la tele por La noche, observa el color de los ojos del máximo número de personas que puedas, y pronúnciate a ti mismo el nombre del color. Al día siguiente, haz lo mismo con cada persona que encuentres, mirándola directamente a los ojos.

Sé radiante. Esta parte está directamente vinculada con el contacto visual. ¡Sé radiante! Sé el primero en sonreír. Deja que tu sonrisa refleje tu actitud. Ahora ya te has ganado la atención de la otra persona a través de tu lenguaje corporal, tu contacto visual y tu sonrisa radiante. En su subconsciente, esta persona está procesando la impresión de que eres alguien completamente sincero (y no que eres un loco burlón o majadero, como es posible que se te pase durante un instante por la cabeza).¡Hola! Tanto si dices «¡Hola!», como «¡Buenos días!» o incluso «¿Qué hay?», dilo en un tono agradable y acto seguido preséntate por tu propio nombre («¡Hola, soy Naomi!»). Como en el caso de la sonrisa o del contacto visual, si el primero en identificarte.

En este punto, y durante sólo unos pocos segundos, estás en disposición de reunir toneladas de información acerca de la persona a la que estás conociendo, información de la que puedes beneficiarte más tarde en la conversación. Toma la iniciativa. Tiende tu mano a la otra persona, y si es conveniente, encuentra la manera de repetir dos o tres veces su nombre para grabarlo en tu memoria. No digas «Glenda,Glenda, Glenda, mucho gusto», sino más bien Ah, Glenda, encantado de conocerte, Glenda». Como verás en el capítulo 7, después puede venir tu «afirmación acerca de la ocasión o del lugar». Inclínate. La parte final de la presentación es la «inclinación». Esta acción debe consistir en un movimiento casi imperceptible hacia delante, para indicar de manera muy sutil tu interés y franqueza mientras comienzas a «sincronizar» con la persona a la que acabas de conocer.

El apretón de manos

La gama de apretones de manos va desde el fuerte y resuelto estrechón que parece machacar los huesos hasta el más blando y fláccido. Ambos son memorables v, en algunos casos, ambos te ponen sobre aviso acerca de la persona en cuestión.

El apretón suele acompañarse con ciertas expectativas. Puede ser firme y respetuoso, como si sacudieras una campanita para llamar al servicio de habitaciones. Desvíate de estas expectativas y la otra persona se las verá y se las depara encontrar sentido a lo que está pasando. Se produce una sensación se que hay algo que no va, como si saliera agua caliente del grifo de agua fría. La mente detesta la confusión, y cuando se enfrenta a ella, el primer instinto el de retirarse.

El apretón con «manos libres» es un apretón sin la mano, y es un arma muy poderosa. Limítate a hacer todo lo que harías durante un apretón de manos normal, pero sin usar la mano. Apunta tu corazón hacia la otra persona y di «Hola». Ilumina tus ojos y sonríe, y despide la misma energía especial que suele acompañar un estrechen de manos completo. A propósito, el apretón con «manos libres» funciona de maravilla cuando quieres establecer contacto con un grupo o una audiencia

La Actitud lo es Todo

Tu mente y tu cuerpo forman parte del mismo sistema, se influyen mutuamente. Cuando te sientes feliz, pareces feliz, tu voz suena alegre y usas palabras que denotan esta felicidad. Intenta sentirte miserable mientras saltas en el aire y das palmadas, o intenta sentirte feliz mientras estás sentado en una silla, alicaído y encorvado. Tu actitud controla a tu mente, y tu mente rige el lenguaje corporal. Las actitudes determinan el tipo y la calidad de tus pensamientos, tu tono irvoz, las palabras que pronuncias. Y lo que es más importante, gobiernan tu lenguaje facial y corporal.

Las actitudes son como bandejas en las que nos servimos a nosotros mismos a las otras personas. Si tu mente está regulada por una actitud particular, posees un control consciente muy pequeño sobre las señales que tu cuerpo envía. Tu cuerpo tiene una mente propia, y expresará los nerones comporta mentales asociados con cualquier actitud que estés experimentando.

Una Actitud Realmente Positiva

Independientemente de lo que estés haciendo o viviendo, la calidad de tu actitud determina la calidad de tus relaciones, por no hablar del resto de aspectos detu vida. Durante los últimos ocho años he acudido a la misma sucursal bancaria. De vez en cuando, alguien de quien nunca he oído hablar me envía una carta (escribiendo erróneamente mi nombre) para decirme el placer que le produce tener a un cliente tan especial como yo.

Por mucho que intenten mejorar su servicio «personalizado», los bancos son más o menos iguales en todas partes, y el mío realmente no es distinto a los otros. Así que, ¿por qué sigo operando en ese banco, cuando resulta que recientemente han abierto dos nuevas agencias la mar de competentes mucho más cerca de donde yo vivo? ¿Por conveniencia? Obviamente no. ¿Mejores intereses? Tampoco. ¿Más servicios? No. Nada de eso. Se trata de Joanne, una de las cajeras. ¿Qué ofrece Joanne que no puede ofrecer la institución? Me hace sentir bien.

Creo que se preocupa por mí, y hay otros clientes que sienten lo mismo al respecto. Como habrás supuesto, todos quieren hablar con ella. Esta dama encantadora ilumina por sí sola todo el lugar. ¿Qué es lo que hace Joanne? Muy sencillo. Sabe lo que quiere: agradar a los clientes y hacer bien su trabajo. Posee una Actitud Realmente Positiva o, para ser más preciso, dos Actitudes Realmente Positivas plenamente congruentes.

Se muestra al mismo tiempo alegre e interesada, y todo el mundo se beneficia de ello: yo, como cliente, sus colegas, su empresa, sin duda su familia y ante todo, ella misma.Lo que Joanne envía con su Actitud Realmente Positiva lo vuelve a recibir con creces, y se convierte en una realidad gozosa y satisfactoria para ella misma. Y no cuesta ni un céntimo.

Las primeras impresiones son muy fuertes.

Junto a las evaluaciones instintivas, también ponderamos las oportunidades relacionadas con casi todos los nuevos encuentros cara a cara. Por mucho que lo intentemos, no podemos obviar el hecho de que la imagen y la apariencia son importantes cuando conocemos a alguien por primera vez. Vestir bien tiene mucho que ver a la hora de dar una impresión positiva cuando se comienza a establecer el entendimiento, pero ¿cómo lograr que la gente se muestre cálida contigo? Y cómo puedes proyectar las partes amables de tu personalidad, propia y única?

Lenguaje Corporal

Tu lenguaje corporal, que incluye tu postura, tus expresiones y tus gestos, son responsables en más del 50% de las reacciones del resto de la gente y de las suposiciones que ésta se formula. Cuando la gente piensa en el lenguaje corporal, tiende a pensar que se refiere lo que pasa de cuello para abajo. Pero mucho de lo que comunicamos a los demás y de las suposiciones que puedan hacerse procede de la parte superior al cuello. Los gestos faciales, las inclinaciones y los ladeos de la cabeza poseen un vocabulario que equivale o supera al de la parte situada por debajo del cuello.

Las señales que enviamos con nuestro cuerpo presentan una gran riqueza de significado, y suelen responder a un objetivo global. Algunas las llevamos con nosotros desde el nacimiento; otras las adquirimos de nuestra sociedad y nuestra cultura. En todas las partes del planeta, el pánico provoca un incontrolable gesto de proteger el corazón con las manos y/o una rigidez de las extremidades. Una sonrisa es una sonrisa en todos los continentes, mientras que la tristeza se expresa a través de unos labios caídos tanto en Nueva York como en Papúa-Nueva Guinea. Los puños cerrados de la determinación y las palmas abiertas de la verdad transmiten el mismo mensaje en Islandia y en Indonesia.

En todos los lugares de la Tierra las madres y los padres instintivamente acunan a sus hijos con la cabeza contra el lado izquierdo de su cuerpo, cerca del corazón. El corazón es el centro de todo. Las expresiones faciales y el lenguaje corporal obedecen en todo momento al magno propósito de ayudar a tu cuerpo a mantener el bienestar de su centro de sentimientos, estados de ánimo v emociones, es decir, tu corazón.

Se ha escrito mucho acerca del lenguaje corporal, pero en resumidas cuentas, esta forma de comunicación puede subdividirse en dos categorías más oyen amplias: abierto y cerrado. El lenguaje corporal abierto deja al descubierto el corazón, mientras que el lenguaje corporal cerrado lo defiende o lo protege. A la hora de establecer el entendimiento, también podemos pensar en términos de gestos incluyentes y no incluyentes.

Sincronizar el lenguaje corporal

Como ya sabes, al lenguaje corporal le corresponde el 55 % de nuestros procesos comunicativos. Constituye la característica más obvia, fácil y gratificante para sincronizar en tu camino hacia el entendimiento. Si pudieras obtener de este libro tan sólo la habilidad para sincronizar con el lenguaje corporal de la gente, te encontrarías a una gran distancia de donde estabas el mes pasado.

La sincronía del lenguaje corporal se puede hacer de dos maneras ligeramente distintas: imitando, lo cual significa hacer lo mismo que la otra persona (si mueve la mano izquierda, tú mueves la mano izquierda), y reflejando, que significa, como se puede deducir, moverse como si estuvieras mirando a la otra persona en un espejo (si mueve la mano izquierda, tú mueves la derecha).Acaso pensarás: ¿Pero la otra persona se dará cuenta de que estoy copiando su comportamiento? En realidad no, a menos que la copia sea muy descarada.

Recuerda, tus movimientos deben ser sutiles y respetuosos. Si alguien se hurga la oreja con el dedo y tú haces lo mismo, entonces claro, probablemente se dará cuenta. Pero cuando una persona está concentrada en una conversación, no captará una sincronía sutil. Gestos particulares. Los movimientos de manos y brazos son especialmente fáciles y naturales de sincronizar imitando o reflejando. Hay tipos que levantan sus hombros cuando hablan; otros agitan las manos alrededor mientras se expresan.

Haz lo mismo que ellos. Si en un principio te sientes incómodo, hazlo poco apoco hasta que con la práctica seas un sincronizador perfecto. El simple hecho de darte cuenta de estos distintos tipos de gestos es un gran paso para caerle bien a la gente en 90 segundos como máximo. Posición del cuerpo. La postura global recibe el nombre de actitud del cuerpo. Muestra cómo se presenta a sí misma la gente, y es un buen indicador del estado emocional.

Por esta razón a veces hablamos de «adoptar una postura». Cuando puedes adoptar minuciosamente la postura de una persona puedes hacerte una idea aceptable de cómo se siente. Movimientos corporales globales. Tanto si estás efectuando una entrevista para un empleo o manteniendo una conversación con el conservador del museo, observa los movimientos corporales globales de esta persona, y luego delicadamente refléjalos o  imítalos. Si tiene una pierna cruzada, cruza una tierna; si está inclinada hacia el gran piano de cola, hazlo también. Si está sentada de lado en el banquito, siéntate de lado; si está de pie con las manos en las caderas, hazlo tú también.

Movimientos corporales como los de inclinarse o girarse pueden sincronizarse con facilidad. Inclinaciones y ladeos de la cabeza. Son los movimientos de sincronía más fáciles. Los fotógrafos de moda saben que gran parte de la «sensación» de una instantánea magnífica procede de la «insinuación» creada por sutiles inclinaciones y ladeos de la cabeza. Desde luego, la cara es importante, pero los ángulos son los que transmiten el mensaje.

Préstales una gran atención. Muchos buenos médicos y terapeutas se encuentran sincronizando inclinaciones v ladeos casi sin pensárselo. Con dichos movimientos están diciendo: «Te escucho, veo lo que me estás diciendo y me identifico contigo.»Expresiones faciales. Junto a las inclinaciones y ladeos, las expresiones faciales sincronizadas muestran aprobación y comprensión. Se producen de forma natural.

Cuando él te sonríe, tu inclinación natural también es la de sonreír. Cuando ella muestra sorpresa con los ojos abiertos, devuélvesela. Mira a tu alrededor en el próximo almuerzo o cena al que debas acudir, y observa que las personas que presentan un entendimiento más profundo se mueven al mismo tiempo.

Se trata de una manera fácil, natural y de éxito seguro de caer bien a alguien en90 segundos como máximo. Puedes imitar la misma intensidad y el mismo estilo de contacto visual. Puede ser fugaz, directo o recatado; sea como sea, cáptalo y devuélvelo de la misma forma. Respiración. Presta atención a la respiración. ¿Es rápida o lenta? ¿Se produce en la parte superior del pecho, en la parte inferior o en el abdomen? Generalmente puedes decir cómo respira la gente mirando sus hombros o los pliegues de su chaqueta. Sincronizar con su respiración puede ser reconfortante para ellos.

Suelo enseñar a voluntarios que tratan con pacientes de cáncer cómo establecer una buena armonía con ellos en sus curas. La primera cosa que acentúo es ésta: espirar e inspirar con ellos. Luego, cuando hablan, lo hacen durante la respiración ,lo cual provoca un efecto muy relajante. Ritmos. Lo mismo puede aplicarse a cualquier cosa que presente un ritmo. Si da golpecitos con sus pies, da golpecitos con tu lápiz; si ladea la cabeza, da palmaditas en tu muslo. En circunstancias adecuadas y con una aplicación juiciosa, funciona siempre que se mantenga bajo el nivel de conciencia. Si no es así, el siguiente sonido que oirás puede ser una puerta cerrándose deforma violenta… o aún peor. Utiliza el sentido común y la discreción.

Sincronizar la voz

A la voz le corresponde un 38 % en la comunicación cara a cara. Refleja cómo se siente una persona; en otras palabras, refleja su actitud. La gente que esta confundida suena confundida, y la gente que presenta una actitud de curiosidad suenan curiosa. Puedes aprender a sincronizar con estos sonidos.

Tono.

Observa las emociones que te llegan a través del tono de voz. Sintoniza con estas emociones, intenta sentirlas como propias y utiliza el mismo tono.

Volumen.

¿La otra persona habla con una voz queda o alta? El valor de sincronizar con el volumen no consiste tanto en hacerlo, sino más bien en lo que puede suceder si no lo haces. Si sueles hablar alto y eres naturalmente excitable, cuando encuentres aa lguien que hable más bajo y sea más reservado, huelga decir que la otra persona seencontrará mucho más cómoda con alguien que hable en los mismos tonos suaves. Y viceversa, una persona enormemente habladora y jovial hallará amplios intereses comunes con alguien que irradie un grado de exuberancia semejante.

Velocidad.

¿La otra persona habla de prisa o despacio? Un individuo meditabundo, que hable despacio, puede sentirse completamente alterado o desconcertado por un hablador rápido, del mismo modo que un hablador lento y ponderado puede llevar a alguien que piensa más de prisa hasta el punto de distraerse. Hablar a la misma velocidad que otra persona tiene tanta importancia como caminar a la misma velocidad.

Inflexión.

¿Acaso la voz sube y baja? La inflexión de la voz constituye una manera para cambiar el nivel de energía de alguien. Cuando incrementas la inflexión y el volumen, estás más excitado. Cuando los disminuyes, te tranquilizas, hasta llegar a la intimidad de un susurro.

Ritmo.

¿La voz fluye o es discontinua? Hay gente que tiene una manera melódica de hablar, mientras que otras personas poseen un estilo más pragmático y metódico.

Palabras.

Existe un área todavía más poderosa que se puede sincronizar, el uso de las palabras preferidas de una persona. .La sincronía te permite identificarte en profundidad con el resto de la gente y conseguir una mejor comprensión acerca de dónde viene. Practica la sincronía en todas tus actividades, tanto si estás en una entrevista, en una parada de autobús, jugando con tus hijos, calmando a un cliente poco satisfecho, o hablando con el cajero en un banco, el florista o el camarero en el bar. Probablemente no te faltarán interlocutores. Conviértelo en una parte de tu vida durante los próximos días hasta que sin intentarlo ya te sientas un experto, es decir, hasta que se convierta en una segunda naturaleza para ti.

Procura que te recuerden

¿De qué sirve conocer a alguien, crear una impresión favorable y establecer un buen entendimiento si dos semanas más tarde esta persona te ha olvidado? Es lo mismo que escribir una historia magnífica en el ordenador y olvidar dónde la archivaste.

Proporciona a la gente razones para que se acuerden de ti, y lo harán. La mente disfruta estableciendo conexiones. Recordarás que según el trabajo del profesor Mehrabian acerca de la verosimilitud, en la comunicación cara a cara a nuestro aspecto le corresponde un 55%, un 38 % está relacionado con el tono de voz, y un 7% a las palabras que usamos.

Con la memoria sucede algo similar. Otros estudios han demostrado que lo que ve la gente impacta tres veces más que lo que oye. Pregúntate lo siguiente: ¿Cómo puedo destacar sobre la masa? ¿Puedo crearme un personaje o una marca de estilo? Todo tipo de cosas puede proporcionarte una imagen: una flor en el ojal, o una montura muy cara pero discreta para tus gafas, bonitos vestidos, zapatos impecables, una corbata de lazo, el cabello de Gillian Anderson o la sonrisa de Goldie Hawn. Una amiga mía trabaja para una cadena nacional de mega tiendas en las que venden ordenadores y cadenas de alta fidelidad. «Me pasaba media hora explicando las ventajas de un producto me decía, y luego el cliente solía irse para pensar acerca de lo que le había dicho. Podía regresar otro día, dirigirse al primer vendedor que viera y realizar su compra. No importaba que poseyera mi tarjeta o que yo le hubiera dedicado tanto tiempo; las posibilidades de que se volviera a dirigir a mí personalmente eran mínimas.

Así que di con el modo ideal para que me recordaran. Como soy de Terranova, les decía a los clientes que cuando volvieran o llamaran por teléfono a la tienda preguntaran por la “Newfie”1.» En Canadá, un «Newfie» suele ser a menudo objeto de chistes tontos y estereotipados, pero mi amiga usaba esta imagen verbal en beneficio suyo. Constituye un asidero o, si lo prefieres, un contenedor para acumular y acceder at odo un paquete de información previamente almacenada. Encuentra algo que te diferencie de los demás. Dales algo que les permita acordarse de ti.

Cómo desarrollar la habilidad de llevarse bien con los demás

“La única manera de poseer un amigo es serlo.” (Ralph W. Emerson.)

Los seres humanos aprovechamos la oportunidad cuando nos encontramos frente a frente con una persona que tiene la habilidad de tratar muy bien a los demás. Nos hace sentir muy importantes y voluntariamente nos sentimos invitados a mantener contacto con esa persona para crear experiencias positivas que nos motiven a ser mejores.

 Los líderes en mercadeo, como todos los profesionales, deberíamos reconocer que, para aspirar a alcanzar un mejor nivel de vida personal, fortalecer nuestro esfuerzo profesional y desarrollar un plan de negocios que contribuya a lograr y superar las metas esperadas, es necesario, y quizás me atrevería a decir que imprescindible, estar en disposición de un excelente manejo de técnicas y de actitudes para tratar bien a las personas.

Miremos a nuestro alrededor y nos daremos cuenta de que los empresarios y gerentes de alto nivel más exitosos son los que han desarrollado la habilidad de relacionarse bien con la gente que les rodea. El éxito o el fracaso de nuestras experiencias de negocios es esencialmente un asunto de relaciones humanas. Posiblemente alcanzamos las metas sin tener un buen ambiente laboral, sin embargo, con relaciones interpersonales exitosas logramos las metas en un menor plazo con resultados de mejor calidad.

 Si reconocemos que esta es una llave que puede fortalecer equipos de trabajo, promover una cooperación entusiasta, realizar mejores ventas, tener contactos clave que tomen decisiones, ¿qué estarías dispuesto a hacer para mejorar esta habilidad?

A continuación, te invito a que te autoevalúes para que conozcas cómo estás manejando tus relaciones interpersonales. Marca con una “x” la respuesta que se acerca más a tu realidad.

SÍ o NO

Apoyas constantemente a las personas que te rodean a ser mejores.

Te interesas sinceramente por la vida de otras personas.

Enfrentas las diferencias con otras personas oportunamente.

Expresas tus ideas claramente para evitar malos entendidos.

Respetas las diferencias en otros y los animas a ser ellos mismos.

Resuelves eficazmente los desacuerdos.

Escuchas siempre con atención cuando otras personas te hablan.

Valoras lo positivo de la gente que te rodea.

Haces sentir importantes a las personas que te rodean.

 ¿Cómo fue tu resultado? Si abundan las respuestas positivas, te animo a mantener este estilo de vida. Si la mayoría de las respuestas han sido negativas, has sido muy honesto contigo mismo y es un punto de partida necesario para que emprendas una serie de cambios importantes en tu vida.

Entonces, ¿qué puedes hacer para fortalecer tus relaciones humanas? Te invito a que pienses en los siguientes cuatro consejos:

1. Sé amigo de ti mismo primero:

Si aprendemos a llevarnos bien con nosotros mismos, descubriremos que será más fácil llevarnos bien con las personas que nos rodean. Nos será imposible ofrecer una palabra de motivación si nosotros mismos no nos automotivamos.

Nos será imposible interesarnos por la superación de los demás si nosotros no tenemos metas claras para la vida. Nos será imposible valorar lo positivo en los demás si no creemos en nosotros mismos. Sé tu mejor amigo. (Te invito a que leas un artículo escrito previamente sobre la confianza en uno mismo.)

 

2. Valoremos a las personas:

Valorar a las personas nos mantendrá alejados de caer en la tentación de manipularlas a nuestro favor. No podemos hacer que otra persona se sienta importante si nosotros en secreto sentimos y pensamos más en sus aspectos negativos. Evitemos tener relaciones interpersonales de fachada.

Tarde o temprano la gente se dará cuenta y perderemos su confianza, su cooperación y sobre todo su amistad. Interésate sinceramente por los demás.

3. Vivamos cada día con la meta de construir relaciones con las personas que nos rodean:

Sé muy bien que construir permanentemente las relaciones interpersonales es una inversión de tiempo y energía. Al revisar nuestra agenda diaria, los que tenemos muchas otras responsabilidades que requieren nuestra atención caemos en la tentación de quedarnos encerrados en oficinas o detrás de un escritorio aislándonos voluntariamente de las personas. Quiero animarte a que inviertas tiempo de calidad en tus relaciones con las personas que te rodean. Construir las relaciones nos puede dar motivación y apoyo durante los tiempos buenos y malos.

4. Recuerda siempre que cosechamos lo que hemos sembrado:

 Del mismo modo en que es imposible se coseche manzanas dulces si sembré limones, es imposible que coseche cooperación si sembré indiferencia.

 Si adoptamos actitudes positivas hacia los demás, recibiremos como respuesta actitudes positivas. Si tenemos una mala actitud hacia alguien y la mantenemos, eventualmente la otra persona tendrá una mala actitud hacia nosotros. Con buenas actitudes en las relaciones podemos abrir puertas y cerrar buenos negocios, pero con pésimas actitudes podemos cerrar las puertas y abrir un ambiente laboral muy negativo. Recuerda siempre que tener relaciones interpersonales exitosas es una decisión personal. ¡Tú decides! (Te invito a que leas un artículo escrito previamente sobre actitud positiva.)

 Si necesitas apoyo, consejos y/o ideas para fortalecer tus relaciones interpersonales, escríbenos con toda confianza, estamos para apoyar tu liderazgo en mercadeo.

 

Tres reglas básicas para tratar a los demás

Dale Carnegie escribió hace 75 años un libro titulado Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. La primera de sus cuatro partes lleva por título Técnicas fundamentales para tratar a los demás y es a la que se refiere este post. Los textos de Carnegie, son especialmente fáciles de leer y complicados de resumir: su estilo consiste en narrar multitud de pequeñas anécdotas que ilustran y acompañan sus ideas, así que (y esto sirve para todos los post de este blog) si al lector le parecen interesantes estas reglas, lo recomendable es acudir a la fuente original.

 Regla 1.-No critique, no condene ni se queje (o si quieres recoger miel, no des puntapiés a la colmena)

 “No hablaré mal de hombre alguno y de todos diré todo lo bueno que sepa.” Benjamín Franklin

Para justificar el funcionamiento de esta regla, Carneguie parte de la idea básica de que, por lo general, los seres humanos no nos autocriticamos y, por mucho que nos equivoquemos, no nos culpamos a nosotros mismos por nada. Según este razonamiento, criticar a otra persona no conduce a nada: el que está siendo criticado, por muchas razones que existan para hacerlo no dirá “ah si, vale me equivoqué” sino que, más probablemente:

se pondrá a la defensiva

tratará de justificarse

verá su orgullo herido y se despertará su resentimiento

Regla 2.-Demuestre aprecio honrado y sincero (el gran secreto para tratar con la gente)

“El principio más profundo de la naturaleza humana es el anhelo de ser apreciado.” William James

La única manera de lograr que otra persona haga algo, es haciendo que quiera hacerlo, y la única forma de que quiera hacerlo, es dándole lo que desea. Así, la pregunta importante es ¿qué quiere la gente? Dice Carnegie que a todos los seres humanos nos acompaña un anhelo de sentirnos importantes, y que lo que nos distingue a unos de otros es la forma en que intentamos colmar ese anhelo (Rockefeller lo hacía donando una fortuna para la construcción de un gran hospital, y Dillinger atracando bancos y matando gente hasta convertirse en el enemigo público número 1). Ofrecer a los demás un reconocimiento sincero de su importancia, es la idea central de esta segunda regla. Y subrayo “sincero”, por que en otro caso estaríamos cayendo en la adulación, algo muy distinto a lo que propone Carneguie

Regla 3.-Despierte en los demás un deseo vehemente (quien puede hacer esto tiene al mundo entero consigo; quien no puede marcha solo por el camino)

“Si hay un secreto del éxito, reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese punto de vista así como desde el propio.” Henry Ford

Lo que nosotros necesitamos o deseamos, no interesa a nadie más que a nosotros, es por eso que Dale Carnegie defiende que es absurdo insistir en hablar de ello cuando tratamos con otras personas. A los demás, como es obvio, lo que les interesa son sus propios deseos y necesidades, así que, si tratamos de lograr que alguien haga algo, hablemos de lo que al otro le interesa, pensemos siempre en el punto de vista de la otra persona, y veamos las cosas desde ese ángulo. Claro que, esta regla para tratar a los demás, no nos sirve para manipular a otras personas de modo que acaben haciendo lo que no les interesa o vaya en contra de sus propios intereses: ambas partes deben de salir ganando en la negociación.

 

Solo hay una forma de tratar a los clientes

Existen cientos de formas para tratar a los clientes y hacerlos regresar a tu negocio. En este artículo te revelo una estrategia universal, que no falla, para tratar a los clientes.

Hace un mes abrieron una tienda en mi pueblo y volé con mi madre para ver qué había de nuevo. No entraré en detalles sobre el establecimiento pero, al salir de la tienda (no compré nada porque el servicio fue pésimo), me quedé pensativa unos minutos.

¿Por qué no compré? ¿Cuál fue la experiencia negativa que tuve, si ofrecían buena mercancía? Esto me hizo pensar en los miles de empresarios que, como tú, andan buscando estrategias para darles un buen servicio a sus clientes, separarse de la competencia y competir en un mercado saturado por negocios similares o grandes empresas multinacionales.

Pero, con tantas estrategias y artículos que he escrito sobre esta temática, he resumido lo que considero la regla universal para tratar a un cliente. ¿De dónde la saqué? Lucas 6:31

Aclaro que no pretendo dar sermones sobre la Biblia y que solo uso este pasaje porque resume una regla moral e universal para tratar a los demás. Además, mi fallecida mentora, Mary Kay Ash, edificó un imperio de billones de dólares basándose en esta Regla de Oro.

Lucas 6:31 – Y Como Queréis que os Hagan los Hombres, Hacedles También Vosotros Así.

 

Cómo tratar con personas difíciles

¿Tienes que tratar a diario con alguna persona difícil? Ya sea tu jefe, un compañero de trabajo, algún conocido o incluso un familiar, todos hemos tenido que enfrentarnos alguna vez a personas que, con su comportamiento, nos hacen sentir frustradas, irritadas o abrumadas.

En la mayoría de los casos no sabemos cómo tratar con ellos y hacemos lo que quieren, o simplemente les rehuimos, pensando que es la mejor forma de actuar. Las personas conflictivas cuentan con esa respuesta. Saben que con su actitud te desconciertan y te impiden actuar con eficacia, y eso es lo que hay que cambiar: tu respuesta a su actitud. Nada mejor para lograrlo que aprender de las personas que sí saben cómo lidiar con este tipo de personalidades complicadas.

Hace poco leí el libro  ”Cómo tratar con personas difíciles” de R. Bramson, donde comentan que, ya estemos hablando de personas hostiles, protestonas, demasiado complacientes, indecisas, pesimistas o sabelotodo, hay una serie de pautas que podemos utilizar para mejorar nuestro trato y eliminar la ansiedad que supone tratar con este tipo de personas. Lo importante es no cumplir con la respuesta que esperan de nosotros. Aunque hay distintos métodos para cada tipo de persona difícil (puedes encontrar mucha información más detallada en el libro), hay una serie de pasos en común que constituyen la base para salir airoso de un encuentro con una de estas personas (de hecho, estos cinco pasos se pueden aplicar a muchas más situaciones):

1. Analiza la situación (y tu actitud). ¿Es de verdad una persona problemática o es algo temporal debido a una situación particular? Todos nos comportamos de forma problemática en determinadas circunstancias, y eso no quiere decir que seamos personas difíciles. Si lo tomas así te estás complicando la vida tú misma. De hecho, las personas más difíciles de tratar son las que ven siempre a los demás como difíciles. Una persona conflictiva se comporta de forma difícil continuamente. Si no es así, puede que estés buscando una excusa a tus propios problemas, y en vez de solucionarlos le echas la culpa a los demás. Así que considera si esa persona se ha comportado así en al menos tres situaciones similares, si tu reacción es desproporcionada (quizá estás irritada con esa persona por otra causa o tienes algún prejuicio…), o si se podría solucionar con una simple conversación franca. En todos estos casos no estarías tratando con una persona difícil.

2. No intentes cambiar a la persona. Es muy frecuente querer que las personas cambien y que no se comporten como lo hacen, o que lo hagan como nosotros queremos,  pero con eso no vas a arreglar nada. Culpar a otra persona y desear que cambie te hace perder el tiempo y sentirte frustrada porque, ¿sabes qué? No va a cambiar. Así que intenta asumir que esperar que una persona cambie mágicamente no va a suceder.

3. Distánciate de la conducta problemática. Con esto no quiero decir que huyas, sino que dejes a un lado (por difícil que parezca) la irritación, frustración y ganas de cambiar a esa persona y observes la situación fríamente, desde fuera; e incluso que te pongas en su lugar. Esa es la única manera en la que podrás entender las causas de su conducta y las pautas de su comportamiento, y así podrás decidir cómo actuar o responder. De otra forma serás incapaz de planear una estrategia y estarás respondiendo como esa persona espera.

4. Diseña un plan para arreglártelas. Una vez que has comprendido la conducta de la persona problemática es hora de idear una estrategia para salir airosa de la situación. Lo más importante es saber que en tu actitud reside la solución, que eres tú la que tiene que modificar cómo interaccionas. Lo más común es ponerse a la defensiva e incluso contraatacar, pero eso no da buenos resultados. En vez de tomarte a mal su actitud busca alternativas que te permitan salirte con las tuya. Por supuesto, la respuesta dependerá del tipo de persona problemática con la que estés. Por ejemplo con una persona hostil, avasalladora y ofensiva funciona mantenerte en tus trece (que no te vea como débil), darle tiempo a calmarse, conseguir que se siente y evitar los choques frontales. Por otro lado, con una persona que le encuentra fallos a todo y protesta por todo y todos sin hacer nada al respecto sería útil, entre otras cosas, escucharle y no mostrarse de acuerdo ni disculparse. Puedes encontrar toda la información sobre los distintos tipos de personas difíciles en el libro que te mencioné antes.

5. Ponlo en práctica. Por supuesto tienes que elegir el momento oportuno, decidir cuándo tienes el tiempo y energía necesarios (porque los vas a necesitar) y tener en cuenta que la persona no esté pasando por una situación estresante. Puedes practicar antes en tu casa. Después, comprueba la eficacia de tu estrategia y haz modificaciones si es necesario.

Aun así algunas veces  no hay manera de interaccionar con esa persona con normalidad. En ese caso, no hay más remedio que distanciarte lo máximo posible, aunque eso implique cambiar de puesto de trabajo. Por supuesto eso conllevará muchas molestias y estrés pero es tu elección. A veces es peor soportar a la persona en cuestión. Por eso es conveniente saber como tratar con estas personas para no tener que recurrir a medidas desesperadas. Para más información te vuelvo a remitir al libro  ”Cómo tratar con personas difíciles” de R. Bramson.

¿cómo reacciona usted?

Quizá sería conveniente examinar primero sus propias reacciones con los demás. La respuesta instintiva, aunque a menudo comprensible, no siempre es la mejor desde ninguna perspectiva. Las personas difíciles están tan acostumbradas a emplear una serie de tácticas, que es muy probable que caiga de lleno en su trampa y les dé pie para que la ataquen. En lo que a usted concierne, es fácil que acabe enfadado, frustrado y decepcionado consigo mismo. Es mucho mejor pensar antes de reaccionar y aún mucho mejor si antes ha elaborado su estrategia.

Si sabe que está relacionándose con una persona que siempre es difícil y que trata a todo el mundo de la misma manera, intente no tomarse lo que dice como algo personal. No es realmente a usted a quien ataca: su actitud sería la misma con cualquier otra persona. Esto no justifica esa conducta en modo alguno, pero puede ayudarle a no sentirse tan incompetente.

Pregúntese qué tipo de reacción tiene con una persona difícil que usted conozca. ¿Reacciona de forma muy negativa? Si es así, ¿por qué razón? Deténgase a pensar racionalmente cuál debería ser su forma de actuar. Estallando y entablando una feroz batalla verbal no se consigue nada; lo único que hace es ponerse a la altura de la persona que ha provocado tal situación.

Puede elegir el modo en que reacciona y responde ante la gente. Al ir trabajando con esta guía comprenderá las opciones que tiene y aprenderá a reconocer cuál es la mejor y la más apropiada en cada caso. Podrá incrementar sus puntos fuertes (y se supone que disminuirán los débiles) y aprenderá a no dejarse arrastrar hacia una respuesta que no le conduce a ninguna parte y que le deja agotado y desengañado de sí mismo.

Todo esto no significa que tenga que decir siempre que sí o ceder ante quienes tratan de influir en su conducta. Ni siquiera implica que no pueda enfadarse. Por supuesto que puede. La ira es una emoción natural y con frecuencia justificada y no hay nada de malo en ella; lo que importa es el uso que hace de la misma y cómo la expresa. Media un abismo entre estallar en un ataque de rabia y decir a la otra persona (tranquilamente y con control): «Estoy furioso porque…».

Esta última forma es asertiva y mucho más eficaz, puesto que es probable que su oyente se entere de lo que usted le quiere decir. Si grita y vocifera, la otra persona hará lo mismo y ninguno de los dos se enterará de lo que dice el otro.

Para comprender mejor sus reacciones ante las personas difíciles, hágase las siguientes preguntas:

¿Desea realmente estar bajo el control de los demás?

Muchas veces es eso lo que sucede y el único que lo sufre es usted. La persona difícil sigue a su aire, convencida de que ha vuelto a ganar.

Del mismo modo, si permite que la conducta manipuladora de los demás le lleve a una reacción ex trema y forzada, el único que va a salir perjudicado es usted mismo. Con esto no sólo no conseguirá la res puesta que desea, sino que se sentirá exhausto por sus emociones y decepcionado con su propia conducta.

¿Cual es su reacción cuando se en/renta a alguien que está furioso con usted?

¿Manifiesta también su furia? ¿Se pone a la defensiva y da excusas que la otra persona no escuchará, o se echa atrás y se escabulle? Todas estas reacciones son negativas, tanto si su ira está justificada como si no. Por otra parte, lo más probable es que se sienta enojado, no sólo con la otra persona, sino con usted mismo por actuar como lo ha hecho.

¿Habla consigo mismo deforma negativa?

Ya sabe, el tipo de reflexión como: «Me da miedo esa entrevista, siempre me pongo en ridículo» o «Realmente, odio los lunes». Si tiene que acudir a una entrevista, lo único que puede hacer es prepararse lo mejor que pueda e intentar estar lo más calmado posible el día en cuestión. En lo que respecta a los lunes, hubo una semana pasada y va a haber una semana próxima, de modo que es mejor que se vaya acostumbrando.

Este tipo de pensamiento negativo hace perder mucho tiempo. Tanto si la entrevista (o el lunes) va bien como si no, habrá estropeado el compás de es pera con sus temores.

¿Cómo responde a la crítica?

Hay personas a las que les encanta criticar a los demás. Les hace sentirse bien y les da sensación de poder. Al igual que un bravucón sólo atormentará a una víctima fácil, cuanto mayor sea la reacción de la persona afectada, más se ensañará el crítico con ella. Del mismo modo que sucede con el bravucón, los que critican tienden a ser cobardes morales que se dedican a desprestigiar a los demás para ocultar sus propias inseguridades y tener una opinión más alta de sí mismos. (Aquí no estoy hablando de una crítica genuina y fundada, expresada de forma constructiva, sino de los que disfrutan haciendo que los demás se sientan infravalorados.)

¿Se pone inmediatamente a la defensiva cuando recibe tales críticas? Quizá supone que la crítica está bien fundada (¡cómo le gustaría eso a la otra persona!) y se toma muy a pecho todos sus comentarios sin detenerse a analizar su validez. Tal como irá descubriendo, hay formas de frenar la crítica maliciosa y hacer frente asertivamente a la situación.

¿Tiene siempre una visión negativa?

Repita muchas veces que «todo ha ido mal desde que me cambié de casa» y así sucederá. Convénzase de que está teniendo «uno de esos días» y lo tendrá. Su visión negativa no sólo le hará ver el lado negro de las cosas, sino que también hará aflorar los aspectos más negativos en los demás.

Si se da cuenta de que se está comportando de ese modo, vale la pena detenerse a hacer un balance de su situación. ¿Qué es lo que verdaderamente ha ido mal desde que se mudó de casa? Haga una lista y estúdiela, ¿Habrían sucedido, de todos modos, en su anterior domicilio algunas de las cosas de la lista? Ahora haga una lista de todo lo que ha ido bien des de que se encuentra en su vivienda actual, cosas que de otro modo quizá no se hubiera detenido a examinar en profundidad desde su pozo de oscuridad. Estoy segura de que, si es sincero, podrá descubrir una serie de hechos de mayor o menor importancia para añadir a su lista de factores positivos, (Al menos se siente lo bastante bien como para sentarse a escribirla.)

Aun cuando mire la lista de las cosas negativas, ¿tiene la culpa de todo la casa, el día, el tiempo o cualquier otra cosa a la que usted haya decidido culpar? Intente ser más positivo y anote las cosas buenas a medida que van sucediendo, incluso las que parezcan más insignificantes. Realmente funciona.

¿Se guarda sus sentimientos, sean buenos o malos?

¿Le cuesta decir «te quiero» o «no me gusta lo que has hecho»? Es posible que no le cueste decir una cosa pero sí la otra. Muchas personas han sido educadas en la creencia de que siempre han de ser amables y no han de decir nada que siente mal a los demás, Eso está bien, pero no cuando conlleva aceptar malos modales o un trabajo mal hecho. No hay nada malo en expresar lo que se siente siempre que se haga sin agresividad y de forma productiva. Nunca perderá a los buenos amigos, y los que no lo son de verdad los perderá de todos modos.

Al disfrazar sus emociones sólo conseguirá hacer se daño y acumular estrés. Su opinión de sí mismo bajará aún más a medida que su sentimiento de incapacidad aumente. También se creará problemas, ya que los demás (especialmente las personas difíciles) o ni siquiera se fijarán en usted o lo elegirán como blanco de sus ataques.

¿Quizás usted cree que ha de decir lo que piensa sin que importen las consecuencias?

Párese un momento a reflexionar sobre cómo se siente cuando otras personas actúan de ese modo. ¿Realmente desea hacer sufrir a los demás?

Decir lo primero que pasa por la cabeza sin pensar en los efectos que ello tendrá sobre los demás ha ce que la gente se aleje de nosotros. Es posible que acabe creyendo que el mundo está en su contra, Este es un sentimiento muy triste de por sí, pero lo peor es cuando uno se da cuenta de que ha sido él mismo quien lo ha provocado. Te puedes encontrar atrapa do en una espiral de emociones negativas que es muy difícil frenar.

Fuente: http://productividadpersonal.es, Aida Baida Gil, Ursula Marka, Diana Fontanez, Nicholas Boothman, Ing Ricardo E. González Olarte

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