El buen profesional, ¿nace o se hace?

 

Romper con lo habitual y ser diferente convierte al buscador de empleo en un firme candidato a obtenerlo. Y para ello, debe potenciar su personal branding; es decir, su marca personal. Hay que saber, por tanto, dejar huella en un mercado donde la competitividad es el elemento predominante.

Para crear tu marca de identidad has de contar con una actitud positiva que te permita salir de lo establecido. Y una vez definida, plantearte en qué ámbitos podrás responder mejor. Entran en juego, entonces, las habilidades sociales, aquéllas que forman parte de la inteligencia personal de cada uno y que tienen que ver con la capacidad de relacionarse con los demás.

Éste es, además, uno de los factores que las compañías más tienen en cuenta a la hora de seleccionar personal. De hecho, puede ser el elemento que determine la selección de un candidato u otro con la misma formación y experiencia.

Capaces de todo

Pero, ¿qué habilidades hay que tener para marcar la diferencia? La respuesta a esta pregunta la tiene, sin embargo, cada empresa, pues depende de su filosofía y de las características de los puestos que necesite cubrir. No obstante, hay una serie de cualidades sociales muy valoradas, por lo general, para desarrollar cualquier trabajo. Entre éstas cabe destacar la capacidad de comunicación, la de asumir riesgos y responsabilidades, la facilidad para trabajar en equipo, la predisposición para comprometerse con la empresa en sus diferentes vertientes, la confianza en uno mismo o la flexibilidad.

Esta última cualidad social es, además, un aspecto esencial hoy en día, pues las empresas necesitan personal adaptable, que sepa responder no sólo en un puesto ni ante un entorno determinado.

Se trata, en definitiva, de acumular una serie de cualidades que te facilitarán la inserción en el mundo laboral. Ahora bien, debes ser consciente de que, aunque cuentes con todas ellas (en mayor o menor medida todo el mundo las posee), puedes potenciarlas. Para ello están las escuelas de negocio, las cámaras de comercio y los centros de formación continua de las universidades, que desarrollan actividades en forma de talleres, seminarios y cursos destinados a fomentar las habilidades sociales más importantes.

Tu ADN o marca personal

Análisis, diferenciación y notoriedad. Éstas son las fases que los directores del Observatorio Personal Branding de la Escuela de Negocios CEU, Tomás Marcos y Andrés Pérez, recomiendan para diseñar tu marca personal. Es lo que llaman, modelo ADN, que comienza con un análisis de tus habilidades para potenciarlas y desarrollarlas de forma continua con el objetivo de diferenciarte definitivamente de los demás.

Decálogo del aspirante ideal

Las Fundación Universidad-Empresa (FUE) establece en su ‘Guía de las empresas 2006-2007’ diez claves que convierten a un candidato en un buen profesional. Toma nota de cuáles son:

•              Saber aplicar los conocimientos y capacidades. No basta con adquirir formación, sino que hay que dar respuesta a las necesidades profesionales que vayan surgiendo aplicando los conocimientos.

•              Flexibilidad y adaptación al cambio. Ésta es una de las capacidades que son más valoradas por las empresas, que cada vez más demandan profesionales «con disponibilidad para adaptarse fácilmente a la realización de nuevas tareas y responsabilidades, realizar viajes frecuentes y trabajar en las oficinas de la compañía ubicadas en otras localidades e incluso países».

•              Trabajo en equipo. Son frecuentes en la actualidad la creación de equipos de trabajo multidisciplinares en el ámbito laboral. De ahí la importancia que adquieren las personas con habilidad para integrarse en este tipo de estructuras organizativas.

•              Relaciones interpersonales y comunicación. Esta habilidad está muy relacionada con la anterior, pues es imprescindible tener facilidad para interactuar con los compañeros y superiores. Pero también con proveedores, clientes y otro tipo de audiencias similares.

•              Innovación y creatividad. Son, según la guía de la FUE, «dos motores claros del avance dentro de cualquier compañía». Por ello, las empresas prefieren contar con profesionales hábiles en la resolución de problemas y el diseño de proyectos ambiciosos.


•              Capacidad de gestión y auto-gestión. Las compañías buscan profesionales que se impliquen en la toma de decisiones de ésta y que, a su vez, sean capaces de asumir nuevos retos y de desarrollarlos con autonomía personal.

•              Motivación, iniciativa y compromiso. Demostrar que se es activo, se tiene interés por el desarrollo de la empresa y se es capaz de superar situaciones difíciles convierte al candidato en un profesional imprescindible para la entidad.

•          Capacidad y disposición para el aprendizaje. El actual mercado laboral exige al profesional poner al día de forma continua sus conocimientos, pues la formación «se perfila como la base imprescindible de las capacidades del profesional». Los conocimientos de idiomas e informática y contar con habilidades socio comunicativas se hacen, de este modo, imprescindibles.

 

•              Dote de mando y liderazgo. Estas dos cualidades cada vez están más valoradas por las compañías, pues las personas que las poseen cuentan con un «alto grado de influencia, compromiso, motivación, iniciativa y optimismo«, según subraya la FUE.

•          Autoestima y seguridad en sí mismo. Es «la mejor tarjeta de presentación de un buen profesional» y la que permite a la empresa saber que cuenta con una persona que es capaz de forjarse una sólida carrera laboral. Los valores añadidos, tu mejor complemento

 

La realización de máster y postgrados son aspectos que las compañías también tienen muy en cuenta en sus procesos de selección.

A pesar de que la formación, la experiencia y las habilidades sociales son los pilares básicos de la selección de personal, la especialización que predomina en el mundo laboral actual hace que cada vez sean más los aspectos que se tengan en cuenta. De ahí la importancia que adquiere la realización de máster y cursos de postgrado, para conseguir una formación especializada en un campo de trabajo concreto

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Eso sí, todo en su justa medida. Es decir, debe haber cierta correlación con la especialidad profesional del candidato, de modo que no tendrá más posibilidades de ser contratado el que más máster haya realizado, sino el que los haya hecho más relacionados con el puesto en cuestión, de tal modo que pueda aprovecharlos.

Además, es aconsejable que la realización de máster y postgrados sea posterior a la de los estudios y a la adquisición de experiencia. Y es que es más probable que se contrate a un titulado con experiencia que a otro que no lo tenga y haya hecho máster. Éstos, por lo general, son valorados para puestos muy específicos, en los que interesa tener una formación especializada.

Conocimientos transversales

Los conocimientos que se adquieren estudiando, trabajando o en un máster son específicos o verticales. Sin embargo, las empresas también valoran los llamados conocimientos transversales; es decir, aquéllos que son útiles para cualquier puesto de trabajo.

Entran en este bloque la informática, el manejo de las nuevas tecnologías y los idiomas. Al menos, son los conocimientos de este tipo más valorados por las empresas, aunque su importancia depende del puesto que se vaya a cubrir y de la dimensión de la empresa.

Por ello, mientras que en las pymes apenas son requeridos, en las grandes multinacionales son muy valorados para cubrir una serie de puestos de directivos y de cargos intermedios.

Huella personal

Pero, lo quiera o no, el profesional también tiene una serie de cualidades personales, complemento perfecto de las habilidades sociales. Entre las primeras, las empresas valoran, sobre todo, la responsabilidad, la iniciativa, la tenacidad y la motivación por la calidad.

La seguridad en sí mismo es otra de las cualidades personales que se valoran, pues es la mejor forma de ‘venderse’ en una entrevista de trabajo y de demostrar a la empresa que pueden contar con el candidato ante cualquier situación. A ello se suma la lealtad, el compromiso ético, la seguridad y la capacidad intelectual, así como la discreción, la creatividad, la sinceridad y la capacidad de gestión.

Los 10 rasgos del buen profesional

Lo hemos dicho muchas veces, pero lo volvemos a repetir: la selección de personal es el punto de partida de las empresas que triunfan. Si se falla en esta área, la cosa se complica. Lo mejor que tiene Apple no son sus Iphone, Ipod y resto de tecnología, sino sus ingenieros que diseñan y hacen esos aparatos. Lo mejor de El Bulli de Ferrán Adriá durante tantos años como mejor restaurante del mundo no son sus delicias gastronómicas, sino su equipo de cocineros que preparan esos platos.

Y así pasa con todo. Son las personas las que hacen que las cosas ocurran. Por ello, hay que seleccionar muy bien, y toda cautela que se ponga en la selección nunca es poca.

Los tiempos cambian, y los conocimientos, habilidades y capacidades, son diferentes. Hoy me gustaría apuntar diez que creo que son relevantes para el profesional de hoy. En cualquier caso no es un numerus clausus sino a pertus. Aquí van:

1. Flexibilidad:

 

O dicho de otro modo, tolerancia a la ambigüedad y a la incertidumbre. Todo cambia muy rápido y ello exige una gran capacidad para adaptarse al nuevo contexto. La gente especialmente rígida que sólo sabe moverse por entornos previamente definidos, lo va a pasar mal. Lo importante no es lo que sabes, sino lo rápido que aprendes.

Más importante que tus conocimientos es tu habilidad para saber dónde buscar y qué aprender. Capacidad para separar paja y grano. No se trata de acumular conocimiento por acumular, sino de desarrollar habilidades de búsqueda y filtrado; una cierta sensibilidad para saber qué merece la pena.

2. Agilidad:

 

A menudo (aunque no siempre) se cumple que quien da primero, da dos veces. Pero hoy es aún más importante. Se necesita gente pragmática y ágil que tenga velocidad de actuación. La parálisis por el análisis es hoy día más peligrosa que nunca. Te deja fuera de mercado. Cuando quieres actuar es demasiado tarde.

El ex CEO de General Electric, Jack Welch, lo tenía claro: «Cuando el ritmo de cambio fuera de la empresa es superior al ritmo de cambio dentro de la empresa, el final está cerca». La capacidad de tomar decisiones es una característica de las personas de alto rendimiento. Y la capacidad de tomar decisiones está asociada a la capacidad de asumir riesgo. El temor a equivocarse agarrota, reprime, acartona.

 

3. Optimismo:

 

En Fast Good Management decíamos: «A los optimistas se les debería pagar más. Producen una cadena de consecuencias que aumentan sensiblemente el rendimiento de la organización». Es una frase chocante y que llama la atención a primera vista pero tremendamente cierta y que deberíamos poner más en práctica. Sabemos que entre los cinco criterios que utiliza la NASA para seleccionar a sus astronautas, uno de ellos es el optimismo.

El motivo es sencillo: rara vez las cosas salen como se habían previsto y es frecuente que aparezcan elementos que hagan que discurran por derroteros inesperados. Entonces, más que nunca, se necesita gente que tenga su mirada educada para descubrir soluciones y no para encontrar problemas. Hay que huir de los quejicas, victimas y pesimistas.

4. Resistencia Emocional:

Hoy día prácticamente cualquier iniciativa que uno ponga en marcha está condenada a desaparecer con mayor o menor celeridad. Hay que ser fuerte (muy fuerte) emocionalmente para hacer frente a los momentos de derrota, a los momentos de sequía, a los momentos de bajón.

La vida no es una línea recta (nunca lo ha sido), pero de ahora en adelante cada vez más se irán alternado con mayor frecuencia los picos y valles. Habrá más momentos de ruptura, de crisis, tanto profesionales como personales. Hay que aprender a gestionar oportunamente la adversidad, el fracaso y la soledad sin tirar la toalla. Ser mentalmente fuerte. Te recomiendo que leas Desde la adversidad: liderazgo, cuestión de carácter, de Santiago Álvarez de Mon.

 

5. Capacidad de Trabajar en Equipo:

 

Si eres un lobo de estepa solitario, tus posibilidades de éxito son limitadas. Detrás de cualquier éxito lo que hay son equipos, la suma de complementariedades fuertemente cosidas por un proyecto común. En entornos complejos, más todavía. Tú tienes muchas cosas que aportar, pero sólo no llegarás a ningún lado, porque también tienes carencias. En los posts Equipo, equipo y equipo y también La carpintería y el trabajo en equipo, puedes leer algunas de las claves del team building.

 Y recuerda las palabras de Amancio Ortega hablando sobre Zara: «Mi éxito es el de todos los que colaboran y han colaborado conmigo. Un ser humano no puede ser tan inteligente, tan poderoso o tan prepotente como para hacer él solo una empresa de este calibre. Son muchos los que se han dejado la vida en la empresa. Son muchos los que han hecho realidad esta joya desde el principio hasta hoy» (y no dejes de leer el post Así es Amancio Ortega: el hombre que creó Zara).

6. Multidisciplina:

 

O dicho de otra manera, empápate y báñate en la diversidad: diversidad de culturas, diversidad de disciplinas, diversidad de experiencias… Todo ello te aporta inputs muy suculentos para generar outputs valiosos. La creatividad, esto es, la facilidad para ver la realidad de manera poco habitual, nace del roce y la combinación de cosas diferentes.

Hay que tener una mirada transversal, global e integral de la realidad. Hay que ser un animal curioso. Todo da información, datos, ideas: los libros que lees, los viajes que haces, las personas que conoces, las películas que ves, los paisajes que contemplas… Te recomiendo, si no lo has hecho ya, que leas o releas el libro Equipo, equipo y equipo y también La carpintería y el trabajo en equipo, puedes leer algunas de las claves del team building.

Y recuerda las palabras de Amancio Ortega hablando sobre Zara: «Mi éxito es el de todos los que colaboran y han colaborado conmigo. Un ser humano no puede ser tan inteligente, tan poderoso o tan prepotente como para hacer él solo una empresa de este calibre. Son muchos los que se han dejado la vida en la empresa. Son muchos los que han hecho realidad esta joya desde el principio hasta hoy» (y no dejes de leer el post Así es Amancio Ortega: el hombre que creó Zara).de Frans Johansson.

 

7. Capacidad comercial:

 

Todas las empresas (Telefónica, Zara, El Corte Inglés…) viven de lo mismo: de vender. Hay que tener una fuerte orientación comercial. Si no se vende, no se come. Y toda la organización, de manera más o menos directa, debe intentar vender. Aquí incluimos también la capacidad para el networking que puede abrir muchas puertas. Saber relacionarse y la gestión estratégica de los contactos es vital.

No olvides que según la Teoría de los 6 grados de Harvard, entre tú y cualquier persona del mundo sólo hay seis pasos intermedios. Como dice John C. Maxwell:  «Trabajar duro no es suficiente; tampoco ser excelentes en lo que hacemos; para ser exitoso tienes que aprender a establecer relaciones». Te recomiendo que leas El poder de las relaciones. El autor Brian Tracy también apuntaba: «Venderás más en la medida que seas capaz de llevarte bien con gente de personalidades diferentes».

8. Compromiso:

 

En una moneda, una de las caras es la excelencia, y en la otra está el compromiso. Sin compromiso no hay excelencia. Tienes que comprometerte con algo, con lo que quieras, pero comprométete. Hoy día la competencia es más fuerte que nunca, y para seguir vivo y coleando no basta con cubrir el expediente. Es la filosofía de la mejora continua. Compromiso es estar dispuesto a darlo todo. Según Peter Senge «el 90% de la parte del compromiso que creemos que tienen nuestros profesionales no es compromiso sino conformidad».

Y de acuerdo con las investigaciones de Meyer, Allen y Smith, deberíamos distinguir tres tipos de compromiso: a) afectivo: se da en aquellos trabajadores que están en la empresa porque quieren y desean hacerlo, porque entienden que es el mejor lugar para trabajar; b) normativo: se aplica a aquellos que están en la compañía porque creen que así deben hacerlo; y c) continuista: se produce en esos trabajadores que continúan en una organización porque no tienen otra opción. Desde luego que no vale otra cosa que el compromiso afectivo.

9. Visión de futuro:

 

Saber anticiparse nos coloca en una situación ventajosa frente a los competidores y ello tiene mucho que ver con la capacidad de leer entre líneas, de captar detalles, de ver más allá de lo explícito, de descifrar tendencias; un cierto olfato para saber por dónde van los tiros; una fina sensibilidad intuitiva.

 

Siempre ha sido una cualidad importante que ha distinguido a grandes líderes, pero hoy lo es aún más porque las ventajas competitivas tienden a reducirse en periodos más breves. Ser capaz de ir un paso por delante nos pone en una posición de privilegio.

10. Capacidad de gestionar presión y tensión:

 

Todo el mundo presiona: clientes, proveedores, la velocidad del mercado… Y no es fácil mantener la serenidad de espíritu en ese contexto. Hay gente que ante la presión se viene abajo. Le puede. Se bloquea y todo acaba saltando por los aires. La tendencia en la que se mueve el mundo necesita de gente que sepa mantener el nivel de activación óptimo sin saturarse.

Y ello requiere mucha inteligencia emocional para saber lidiar con situaciones tensas, mucha mano izquierda, mucha tranquilidad interior. No es nada sencillo mantener el equilibrio cuando todo tiembla alrededor. Desde luego, una virtud muy apreciable.

Las emociones y la adaptación a los cambios

Nos encontramos inmersos en un cambio de paradigma en administración, y parte de ese nuevo paradigma es la aceptación del capital humano como el recurso estratégico, por excelencia, para el desarrollo organizacional dentro de un marco de vertiginosos cambios y un marcado nivel de incertidumbre.

Y es precisamente aquí donde podría hacerse un alto para plantear las interrogantes que nos ocupan: ¿qué sucede con el aspecto emocional del ser humano?, y ¿cómo influye éste en el desarrollo de las organizaciones?

En primer término se puede decir que, efectivamente, la turbulencia del panorama actual origina una serie de emociones en los individuos que se ven reflejadas en las organizaciones y en la sociedad en general.

En tanto que las emociones son el motor de la acción y ésta puede ser positiva o negativa, y de diferente intensidad, esas emociones y los comportamientos que las pueden suceder imprimen en la organización característica diversas, que pueden ser favorables (acompañando o promoviendo el crecimiento) o adversas (frenando o impidiendo el crecimiento).

 

La intensidad de una emoción no es un tema menor. Por ejemplo, el estado de alegría puede ser positivo mientras sea el motor motivacional en la realización de proyectos, sin embargo, si éste rebasa los niveles normales hasta convertirse en euforia, puede ocasionar una pérdida de objetividad y caer en imprudencia. (Monroy, 1995).

Otra de las emociones más comunes y representativas de esta época, por el alto nivel de incertidumbre en el que vivimos, es el miedo, que de manejarse positivamente, genera respuestas inteligentes, pero si se presenta en exceso produce una parálisis parcial o total de las acciones del individuo.

También se puede tomar el caso de la ira, un sentimiento que experimenta el individuo como resultado de frustraciones y que puede manejarse desde un punto de vista positivo para alcanzar los objetivos de desarrollo personal e incluso organizacional; sin embargo, cuando la ira deja de ser transitoria, o se reprime y se convierte en resentimiento, genera conflictos interpersonales que afectan negativamente el desarrollo de la organización

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Bajo estas referencias pasemos a revisar el fenómeno de la resistencia al cambio, donde el aspecto emocional se expresa con toda claridad y nos ayuda a entender los cruciales aspectos subjetivos del desarrollo de una organización.

En este proceso se pueden distinguir cuatro etapas, a saber:

Etapa 1.- Negación o impacto inicial: en la que el individuo percibe un peligro generado por el cambio, siente ansiedad, se le dificulta dominar la nueva situación y prefiere quedarse en el pasado.

Etapa 2.- Defensa: el individuo se aferra a las costumbres y tradiciones evitando la realidad, reaccionando con apatía o ira y prácticamente se niega a cambiar, sin embargo puede empezar a realizar una valoración de las ventajas y desventajas que ofrece el cambio y comenzar la etapa de aceptación.

Etapa 3.- Aceptación: en esta etapa las respuestas pueden percibirse ineficaces, y la persona se siente impotente para impedir el cambio, sin embargo comienza a buscar soluciones y a desarrollar nuevas habilidades.

Etapa 4.- Adaptación o asimilación: cuando las consecuencias del cambio se hacen evidentes y provocan satisfacciones en el individuo, dando nuevamente sentido a su vida, y en esta etapa los cambios efectuados llegan a la institucionalización.

En este proceso es muy importante el papel que juega el departamento de recursos humanos, para que entre las etapas de negación y defensa realice un trabajo de sensibilización e información acerca de los cambios organizacionales, así como para que proporcione las herramientas y conocimientos necesarios.

Aquí es importante reconocer las diferentes causas de la resistencia, las que se pueden agrupar en tres niveles:

1.- Resistencias ligadas a la personalidad: hábitos, miedo a lo desconocido, preferencia por la estabilidad, percepción selectiva, satisfacción de necesidades identificación con la situación actual y protección de privilegios.

2.- Resistencias ligadas al sistema social: conformidad con las normas, coherencia de un sistema, intereses y derechos adquiridos en el sistema, carácter sagrado de ciertas cosas, rechazo a lo extraño.

3.- Resistencias ligadas al modo de implementación del cambio, el tiempo y los medios proporcionados para integrar el cambio, así como la credibilidad del agente de cambio.

En suma, los elementos anteriores permiten señalar que en tanto el ser humano es el factor fundamental de la organización, sus emociones, particularmente sus resistencias al cambio, se reflejarán y terminarán dando características específicas a ésta.

 

Gerenciando nuestra calidad de vida

Hablar de Calidad de Vida significa abarcar varios aspectos que atañen a todos los seres humanos, es hablar en primer lugar de estar sanos física, emocional y espiritualmente, es hablar de las condiciones en que se vive, es hablar de las relaciones a todo nivel, sean éstas familiares, sociales o laborales. Es pensar que una buena Calidad de Vida debe ir asociada a la mejor sintonía del ser humano con su entorno y por supuesto, consigo mismo. Y esta sintonía no se puede dejar al azar o al destino. Esto ha de ser en definitiva la responsabilidad de cada uno. No es el médico el responsable de mi salud física, no es el sacerdote o el sanador el responsable de mi salud espiritual, no son mis amigos, mi pareja ni mi familia, los responsables de mi tranquilidad emocional. De manera que vale la pena reflexionar y tomar acciones en aras de ir asumiendo la total responsabilidad por nuestro Bienestar General.

Por distintas razones muchas veces vamos dejando pasar el día a día, inmersos en una rutina de vida donde solo nos abocamos al trabajo o a las rutinas del hogar. En ocasiones ni siquiera prestamos atención a los alertas que nos envía nuestro cuerpo y solo cuando llegan las enfermedades acudimos al médico. Por otra parte, sin darnos cuenta nos pasamos el tiempo quejándonos de uno o varios aspectos de nuestra vida por los cuáles nos sentimos insatisfechos, pero sin hacer nada para buscar mejorías en esos aspectos, o peor aún, justificando o justificándonos para acentuar y paralizarnos ante tales insatisfacciones.

Asumir la gerencia de nuestro proceso

Cuando utilizo la palabra “Gerenciar” quiero hacer énfasis en que al igual que se maneja un proyecto, un negocio o una empresa, donde hay que planificar, organizar, dirigir, controlar y supervisar para hacer los ajustes permanentes en la búsqueda del éxito del proyecto o negocio, igualmente podemos vernos a nosotros mismos como un proyecto, el cual nos ha sido delegado para que seamos nuestros propios gerentes y como tales, sepamos dirigir el rumbo de nuestras vidas. Y uno de los elementos claves de un proceso gerencial es tener claro a donde se quiere llegar, sin embargo, como personas no siempre tenemos claro qué queremos de nuestra vida y en algunos casos dejamos que la inercia nos lleve. Por lo tanto, como buenos gerentes de nuestra vida podemos empezar por establecer nuestra propia Visión. En ocasiones esta visión puede parecer confusa, sin embargo basta con soñar despierto, luego hacer los ajustes en términos de factibilidad y poner en acción los elementos necesarios para encaminarnos en dicha visión. En ese camino hacia nuestra visión personal es importante:

* Hacer una revisión de nosotros mismos, de nuestras capacidades y habilidades, de nuestras creencias y cambiar aquellas que puedan ser limitantes.

* Observar y analizar el ambiente donde nos movemos, incluyendo las personas que están en ese entorno para hacer los ajustes necesarios.

* Establecer estrategias anticipativas y proactivas, previendo posibles situaciones y anticipando lo que pudiese suceder.

* Estar alertas y ser lo suficientemente flexibles para enfrentar las situaciones que necesariamente van a ir apareciendo como consecuencia de la dinámica cambiante de nuestra vida.

* Y por supuesto, asumir el liderazgo en nuestras decisiones y acciones

 

Cada visión personal tendrá sus aspectos particulares, pero podemos asegurar que en esencia lo que se busca es el bienestar general, es decir el óptimo estado de bienestar físico, emocional, espiritual y social. Y aunque cada una de estas áreas forzosamente va a incidir en las otras, podemos segmentarlas como “Departamentos” interdependientes para precisar con mayor efectividad los planes y acciones en esa conexión con la Visión Personal.

Bienestar Físico

En el nivel físico, lo ideal sería estar libre de enfermedades o lesiones, por ende, el plan ha de estar dirigido a la prevención de la enfermedad y al cuidado personal de esta estructura que nos sostiene como es nuestro cuerpo. Y al mismo tiempo, estar atentos para que en esos momentos que pueden aparecer crisis de salud, podamos lidiar exitosamente con ellas. En procura de este bienestar nuestra estrategia debe abarcar:

* La manera como nos alimentamos.

No es un secreto que la mayoría de las enfermedades vienen asociadas al estilo de nuestra alimentación y en este proceso de hacernos cargo de nosotros mismos, vale la pena reflexionar y preguntarnos ¿Cuál es la frecuencia y qué solemos comer típicamente en un día? ¿Qué entendemos por una buena nutrición y qué podemos hacer para mejorar lo que comemos?

Una buena alimentación requiere estar pendientes y tener una disciplina tanto de lo que se come, como de la cantidad y la frecuencia con que se come. Para algunos esto significa comer más, mientras que para otros comer menos o comer alimentos diferentes. El mantenimiento del peso y la prevención de la pérdida de masa corporal, promueven la salud general y la capacidad del organismo para combatir la enfermedad.

* Dedicar tiempo para el ejercicio

Hay muchas razones por las cuales el ejercicio es bueno para nosotros, desde ayudarnos a que los músculos y huesos se mantengan fuertes hasta mejorar el funcionamiento del corazón, los pulmones y el cerebro. A pesar de saber esto muchas personas se mantienen en un absoluto sedentarismo. Sobre este aspecto nos toca preguntarnos ¿Qué tanto dedico a hacer ejercicios? ¿Qué puedo hacer para iniciar una rutina de ejercicios o mejorar la clase y la cantidad de ejercicio que hago cada día? No necesariamente hay que estar en un gimnasio, si bien a algunas personas les encanta y pueden ir a un gimnasio, basta con por lo menos dedicarse a caminar rutinariamente unos cuantos minutos al día.

* Un espacio para la relajación y el descanso

Para ese proceso de estar más en contacto con uno mismo, de darse el tiempo para sentir el cuerpo, la respiración, el contacto con los recursos en general, en la agenda de ese proceso de gerenciarse a sí mismos, puede incluirse el practicar diariamente técnicas de meditación y relajación. El contacto cotidiano, habitual, íntimo, con el yo interior, con la esencia de la persona. Incluir en la medida de lo posible recibir un masaje, descansar en un jacuzzi y por supuesto, tener todos los días un sueño con las horas y la calidad que garantice el descanso y permita al organismo la recuperación total. Pregúntese a usted mismo ¿Duermo lo suficiente cada noche? ¿Tengo un espacio para estar conmigo mismo? ¿Le doy a mi cuerpo la atención y el descanso que se merece?

Bienestar Emocional

El aspecto emocional y psicológico es uno de los más importantes en la búsqueda de una buena calidad de vida. Algunas preguntas que podemos hacernos son: ¿Cuál es el nivel de estrés al que nos enfrentamos cotidianamente? ¿Cómo hacemos lo que hacemos? ¿Qué es lo que vemos, leemos y conversamos rutinariamente? ¿Qué cosas ocupan la mayor parte nuestros pensamientos? ¿Cómo actuamos o reaccionamos ante nuestras emociones? ¿Podemos identificar las cosas que nos causan estrés y hacer algo para eliminarlas de nuestra vida? Esto nos hará reflexionar y en consecuencia actuar sobre nosotros mismos para el mejor manejo del Estrés, y para tener una mente activa y alerta que nos ayude a gerenciar nuestras emociones perturbadoras y ocuparnos en lugar de preocuparnos. En otras palabras es desarrollar un plan que nos permita el mayor control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Un plan que abarque aprender a expresar nuestros sentimientos y emociones en formas adecuadas, a controlar la impulsividad y pensar antes de actuar, y a concentrarnos en los aspectos positivos que nos da la vida.

 


Bienestar Espiritual

El término espiritual va a estar muy en consonancia con las creencias y elecciones espirituales de cada quien, entendiéndose como un sentido de armonía interna que incluye la relación con el propio ser, con los otros, con el orden natural, con Dios o un poder superior. Por lo tanto el camino que decida seguir cada persona para explorar su bienestar espiritual es algo único y muy personal. Espiritualidad no es necesariamente religión. Lo que importa no es cuáles sean nuestras elecciones espirituales, sino que podamos incluir en nuestro plan de vida una manera de vivirla en sintonía con nuestras creencias y convicciones, con la capacidad y la disposición de experimentar amor, disfrutar paz y un sentido de autorrealización.

Bienestar Social

Por último, tratándose de que como seres humanos vivimos en un mundo de relaciones, no es posible pensar en Calidad de Vida y Bienestar General sin considerar de una manera muy especial el tipo de contacto social que vivimos. Es reflexionar con quiénes mantenemos relaciones y cómo son tales relaciones. Algunas preguntas válidas pueden ser ¿Dedico tiempo a las personas que amo? ¿Me siento parte de algún grupo en especial? ¿Suelo compartir con amigos, salir con ellos, reír, disfrutar su compañía? ¿Qué hago cuando estoy de vacaciones? ¿Cómo y con quién comparto mí tiempo libre? ¿Me gusta y disfruto mi trabajo? Un plan dirigido al mejor estado de bienestar social, debe considerar una adecuada relación con su entorno inmediato como es la pareja, los hijos, los padres y hermanos. Un tiempo para compartir con amigos. Una sana escogencia de las relaciones. Aunque parezca trillado el dicho “dime con quién andas y te diré quién eres” la verdad es que las personas con las que compartimos suelen contagiarnos su entusiasmo o desánimo, su optimismo o pesimismo, su empuje al éxito o su parálisis. De manera que en esta selección no es que se trate de ser discriminativos, sino realistas y dispuestos. Lo que sí implica, es que es importante desarrollar relaciones significativas que incluyan la posibilidad de dar y recibir apoyo.

No estamos solos

Hacerse responsable de nuestro bienestar no significa que tenemos que ser autosuficientes. De hecho, siguiendo la analogía gerencial, no existe el gerente autosuficiente ya que precisamente una de las habilidades gerenciales está en saber apoyarse en los otros. Por ende, la responsabilidad también nos lleva a entender que existen muchas maneras de ayudarnos y usar de esa ayuda todo lo que esté a nuestro alcance. Y en ese procurar el bienestar y una mejor calidad de vida lo importante es saber cómo y cuándo buscar la ayuda, bien sea del médico, del nutricionista, del asesor psicológico o de las distintas disciplinas alternativas que ven al ser humano como un todo: mente-cuerpo, espíritu-materia en relación con su entorno.

En todo caso, lo importante es siempre tener presente que la responsabilidad no es del que suministrará el apoyo o la ayuda necesaria, sino que eres tú mismo el que ha de escoger y encaminar la ruta de tu destino para encontrarte con tu felicidad y la plenitud global que mereces.

Cómo separar la vida laboral y personal

Separar la vida profesional o laboral y la vida personal o privada puede ser un verdadero problema, sin aparentes soluciones, para muchas personas.

Cuando el trabajo invade nuestra vida personal

Esta situación es más frecuente para aquellas personas con horarios laborales flexibles o un trabajo propio o muy orientado a las tareas.

Pero, te has preguntado alguna vez ¿por qué es tan importante separar vida laboral y personal? En realidad, en situaciones normales, separar estas dos áreas de la vida no sería necesario, ya que, al fin y al cabo, ambas constituyen aspectos imprescindibles de ella.

Y entonces, ¿por qué a menudo sentimos la necesidad de separarlas? A un primer nivel de análisis, se podría pensar que si el trabajo invade nuestra vida privada, acabamos no teniendo tiempo para hacer las demás cosas que hay que hacer en esta última o no dedicándolo a las personas que son parte de ella. Seguramente esto es un aspecto importante del problema, pero no el más crítico.

 

Por qué y cuándo separar es útil

Separar el trabajo de la vida privada es fundamental cuando percibimos una diferencia importante entre el balance real de nuestra vida profesional con la privada por un lado y el balance ideal que quisiéramos tener para ellas por otro. Es decir cuando percibimos que “damos” demasiado al trabajo y demasiado poco a la vida privada.

Y esto ocurre porque en nuestra cultura hoy en día el trabajo y los ritmos profesionales nos requieren un importante desgasto energético en las actividades laborales; no obstante una vida saludable se basa en un positivo balance entre la energía que gastamos en trabajar (es decir el estrés que ponemos en ello) y la satisfacción que obtenemos a cambio y en muchas ocasiones la satisfacción profesional no consigue compensar este gasto energético: por eso nuestra vitalidad se desgasta poco a poco.

En esta situación, es muy importante recuperar “satisfacción” y, consecuentemente, vitalidad a través de otras áreas de nuestra vida donde obtengamos más a cambio del gasto energético. En este sentido la vida privada es una de las áreas que más puede contribuir a recargar las pilas; por lo tanto “defender” sus fronteras frente a la invasión de la vida profesional es una garantía de que tengamos suficiente espacio y tiempo para recargarnos.

 

Los rituales de separación

En esta línea, entre las muchas técnicas posibles para delimitar bien las fronteras entre vida profesional y privada hay una que yo llamo “rituales de separación”: un ritual de separación es una pequeña acción que haces repetidamente después del trabajo y antes de ir a casa que envía un poderoso mensaje al cerebro de que el tiempo del trabajo se ha acabado y el de la vida privada empieza.

Un ejemplo puede ser la costumbre de cerrar todos los documentos de trabajo en un maletín o en un armario antes de salir del trabajo; o resumir las tareas hechas hoy y preparar la lista de las para mañana; otro ejemplo podría ser llamar la familia para avisar de que se ha terminado la jornada laboral y que se me espere en casa; o bien entrar en el hogar y cambiarse de ropa como primera cosa, dejando la del trabajo en un armario y poniéndose algo cómodo; o escuchar una determinada música o canción en el coche de camino a casa. Como puedes ver, estas acciones son muy sencillas, pero pueden ser muy poderosas a condición que:

Se repitan cada día siempre de la misma forma y en las mismas circunstancias.

Comuniquen a tu cerebro de manera clara que el trabajo se ha acabado.

No sean meras acciones, sino “encarnen” ideas o conceptos de “separación”.

Un ritual puede ser útil para uno e inútil para otro: la percepción personal es muy importante, así que el ritual debe ser significativo para ti.

Encuentra tus rituales de separación

¿Cómo podemos entonces encontrar nuestros rituales de separación? Prueba con el siguiente sencillo ejercicio.

En primer lugar pregúntate: cuando has terminado un duro día de trabajo o una tarea difícil y voy a casa, ¿qué es lo que me da la sensación de estar en mí tiempo privado? Tal vez sea estar físicamente en tu casa, tal vez sea encontrar a personas que no son compañeros, tal vez hacer un determinado deporte, tal vez que tu mente ponga su atención en otras cosas, etc.

 

Una vez detectadas estas cosas que de tan la sensación de estar en casa, pregúntate ahora: ¿qué acciones repetitivas me permiten sentir de manera muy clara esta sensación? Si por ejemplo la sensación es de estar físicamente en casa, estas acciones pueden ser: ponerte ropa de casa, o tumbarte un par de minutos en tu sofá, o comer un pequeño tentempié de tu nevera, mirar el correo del día, etc.

Cuando encuentres tales acciones, controla siempre que cumplan con las 4 características arriba mencionadas para que se transformen en un ritual.

Finalmente implementa y prueba tus rituales de separación diariamente durante un tiempo, cambiando o eliminando los que no te funcionen bien e incrementando los que te den buenos resultados.

Espiritualidad en acción.

¿Qué significa ser espiritual? ¿Acaso significa no volver a estar interesado en el mundo físico? ¿Te privas del gusto del mundo y te confinas a lo etéreo? ¿Cuál es el propósito de la espiritualidad?

No tener un claro entendimiento de estas preguntas es negarte a ti mismo un ingrediente vital para tu eficacia y bienestar. La verdadera espiritualidad está completamente separada de todo lo sobrenatural y poderes ocultos, que son tan populares hoy en día. Incluso es diferente de la religión. Verdadera espiritualidad trata de conciencia y comportamiento. Muy simple, significa tener una buena conciencia de tu eterna identidad espiritual y el tipo de valores que necesitas para estar vivo. Estar totalmente claros acerca de tu valor inherente, y cómo este puede ser reflejado en el diario vivir.

Las personas espirituales son simples, exitosas en aplicar un sentido elevado del ser en la manera que viven sus vidas. El propósito de la espiritualidad es hacernos más efectivos, por medio de ayudarnos a mejorar nuestro actuar. ¡La espiritualidad y la acción trabajan juntas!

Esta trae un significado a las acciones, y las acciones traen un propósito a nuestra espiritualidad.

La espiritualidad juega un papel importante en el diario vivir, no obstante, es necesario un esfuerzo para iniciar el proceso. La búsqueda es el primer paso. Es natural buscar, para descubrir qué es verdadero, real, inmortal. Sin embargo, hay un paso después de buscar, lo cual es comenzar a fundamentar todo lo tuyo – los pensamientos, palabras, acciones, relaciones, etc. – en lo que has encontrado; lo que has llegado a saber. Es aquí donde comienzan los esfuerzos. Por ejemplo el pensar positivamente.

Podrías, en el transcurso de la búsqueda espiritual, entender el poder del pensamiento, cuales son buenos para ti y cuáles no. Un pensamiento positivo es la paciencia, el amor o cualquier virtud propia de estos. Es la virtud que crea el pensamiento positivo. Pero solo cuando la virtud es manifestada en la actitud, discurso o comportamiento que la espiritualidad en acción comienza.

Esto significa usar tu espiritualidad entendiendo el diario vivir. Es aquí que se requieren esfuerzos. Hay muchos quienes creen que no deberíamos dirigir una vida de esfuerzo – que la vida es para vivir. Quieren todas las cosas fáciles y usar todo lo que les rodea para su propia felicidad. ¿Acaso es esto real? ¿Estamos seguros que tenemos los medios para realmente satisfacer nuestras necesidades de ser felices? ¿De dónde se están desarrollando estos medios? La realidad pinta un tanto diferente. Esos recursos, capaces de verdaderamente llenar nuestras necesidades en su mayoría están, en este punto del tiempo, en un estado de gran agotamiento.

Hay una escasez de los recursos necesarios para la verdadera felicidad tanto interior como exterior. Aunque la vida podría ser “solo para vivirla”, actualmente hay algo más que necesitamos hacer con ella. Las personas deben entender esto: que además de que la vida es “solo para vivirla”, también es algo por hacer, por crear. No estoy diciendo que simplemente disfrutar la vida es incorrecto, pero disfrutarla y de igual manera hacerse cargo de ella – aprendiendo cómo formarla y dirigirla- esto te permite sacar más provecho de ella. Para lo cual debes tener un entendimiento claro de tus recursos internos, de cómo las energías del pensamiento y sentimientos están formadas y cuál es su fuente. Aquí es donde una educación espiritual puede ser de ayuda, pues te habilita el entendimiento de las necesidades esenciales de tu ser interior y te las satisface.

Traer la espiritualidad a la acción tiene un efecto directo y positivo en cuatro áreas específicas de la vida: el bienestar interno, efectividad como persona, potencial de liderazgo y en el perfil profesional. Es de notar como estas cuatro áreas influyen directamente en la vida y tu habilidad para vivirla. Esto entra en contraste con la popular suposición de que la espiritualidad debe de alguna manera estar separada de la vida, que la meta de la práctica espiritual es realmente la práctica en sí misma, y que debe suceder aislada de la vida. De hecho, estos cuatro aspectos son ejemplos de cómo la espiritualidad es para ser usada en la vida, de cómo la espiritualidad y la acción están conectadas.

Bienestar interior

El desarrollo del bienestar interior comienza según aprendes a cuidar dos de los aspectos (internos) básicos: el intelecto y la mente. El intelecto es tu inteligencia, tu capacidad de tomar decisiones y, a través de la habilidad de concentración ver las cosas más claras. La mente crea los pensamientos y emociones. Lo primero es entender lo que la mente y el intelecto quieren. Entender cómo funcionan te ayuda a empezar a direccionarlos y comienzas a entender cómo quieres que funcionen, qué quieres de ellos. El cambio comienza aquí.

Cuando llegues a conocer este nivel de tu ser, definitivamente experimentaras cambios positivos hacia tu interior, y el sentimiento de estar a cargo. Estos cambios dirigen hacia el progreso, un constante crecimiento personal, el cual es muy refrescante. Por lo tanto rápidamente puedes sentir que la vida sin que este tipo de energía fluya se vuelve rutinaria, aburrida y llena de dificultades.

La gente ha estado viviendo con conflictos internos por tanto tiempo, muchos creen que son naturales y es normal tenerlos. Pero actualmente este tipo de tensión interior crea una gran pérdida en tu energía sutil. Es como si existiera una fuga, por lo que no importa cuán feliz o bien te puedas sentir, pues en cualquier momento cambiarás a sentimientos de frustración, cansancio, calamidad. Una vez empiezas a manejar mejor las energías de pensamiento, comienzas a ver los problemas de una manera distinta.

Realmente los problemas son de nuestra propia creación. La situación causante de tantas complicaciones puede experimentarse como una lección hecha a la medida, diseñada especialmente para ayudarte a avanzar. Una vez comienzas a apreciar esto, entre cada problema, se revela algo que necesitamos desarrollar para nuestro propio progreso, porque los vemos como medio para movernos siempre hacia delante.

El amor es un factor importante en esto. Necesitamos dejar de ser tan duros con nosotros mismos, y traer entendimiento y respeto a nuestros esfuerzas de realización personal. El amor se convierte en un amplio camino en la resolución de conflictos – incluso en los internos – acompañado de las elevadas energías de felicidad, paz y poder.

Eficiencia personal

La segunda área afectada positivamente por la espiritualidad, consiste en nuestra habilidad de manejar las responsabilidades diarias. En esto, la concentración y la capacidad de aprender son muy importantes. Son parte del ser que necesitan crecer.

Es sorprendente la gran cantidad de personas que tienen dificultad con alguna o ambas hoy en día, aún cuando la concentración es una cualidad natural; nosotros estamos dotados naturalmente con la habilidad de concentración. Sin embargo, algo ha ocurrido a esa naturaleza original, ha disminuido nuestra capacidad de experimentarla. Ese “algo” es el ego. Hay tanto ego actualmente y éste es el que nos bloquea, por lo que perdemos nuestra capacidad de aprender y concentración. Claro está que esto interviene con nuestra habilidad de ser responsables. Nos hace menos eficientes. La práctica espiritual te enseña como desmantelar tu ego y reemplazarlo con auto respeto.

Una educación espiritual te da claridad acerca de muchas cosas y esta claridad se vuelve la base de una buena concentración y aprendizaje. Mejora la eficacia. Mientras puede llevarte medio día terminar una labor, descubrirás que puedes terminarle en menos de media hora.

Además el trabajo se vuelve más disfrutable, en menos tiempo puedes hacer más. Cualquiera que sea la habilidad que hayas mejorado.

Potencial de liderazgo

La tercera área afectada positivamente por la espiritualidad es tu potencial de liderazgo. Buen(a) líder es quien lidera a través de su propio ejemplo. La espiritualidad te vuelve a poner en contacto con tus recursos internos. Tanto como experimentes estas energías (como paciencia, flexibilidad, los valores espirituales) fusionando estas cualidades en tu experiencia y actuar, definitivamente habrá una influencia positiva en aquellos que te rodean. El propósito de examinar tu propia espiritualidad es para que tu actitud, perspectiva y niveles de energía mejoren. Alta energía y una calidad en el rendimiento son dos de los beneficios más prácticos y directos de una práctica espiritual.

Desarrollo laboral

El área final que es influenciada positivamente por la espiritualidad es tu vida profesional. De nuevo aquí no hay razón para dejar a un lado tu “paz”, permitir que todas las oportunidades de progreso sean manejadas por el propio ser. No hay nada de malo en ser dedicado al progreso espiritual y disfrutar el progreso en el mundo físico. Al contrario, año tras año he visto como muchas personas afiliadas a esta Universidad Espiritual son ascendidos en sus puestos.

Esto es porque los verdaderos individuos espirituales son empleados más útiles y efectivos. A nuestra organización se le ha solicitado gran cantidad de veces que ayude en la organización y dotación de proyectos mundiales en las Naciones Unidas.

Creo que esto se debe no solo porque cuando trabajamos, lo hacemos para que el trabajo se haga, sino porque ese trabajo es hecho desde el corazón- por lo que es fácil para otros disfrutar y apreciar nuestra presencia y el trabajo realizado. Este es otro ejemplo de espiritualidad en acción. En todas estas cuatro áreas de tu vida, puedes ver como la espiritualidad mejora tu habilidad para actuar.

¿Cuáles son los esfuerzos que debemos estar haciendo para incorporar en nuestras acciones una verdadera forma de espiritualidad? El primer esfuerzo es escoger cuales pensamientos te permiten practicar lo que nosotros llamamos “la conciencia de tu verdadera identidad”, o conciencia de alma. Trata de mantener tales pensamientos durante el día. Trabajar con pensamientos como esos te ayudan a transformar tu identidad del cuerpo al alma. Si lo realizas durante una semana, definitivamente empezaras a sentirte como alma: un pequeño punto de luz y energía separado del cuerpo.

Para esta práctica puedes agregar una hora o media hora en la mañana y en la tarde, solamente sentándote en la experiencia de ser un espíritu, volviéndote completamente hacia tu personalidad espiritual de paz y amor. Cada semana puedes concentrarte en otros aspectos de esa conciencia- por ejemplo los aspectos de la relación entre tú, el centelleante espíritu puro y Dios, el Poder Supremo. Pregúntate si puedes ver esa conexión, sentirla desde adentro, observa las cualidades de Dios e imagínate siendo llenado por ellas.

Esfuerzos como estos traen mucho en retorno. No solo empiezas a sentirte lleno desde el interior y sientes la transformación, sino que lo que sea que quieras lograr empieza a ocurrir por ti. Sinceramente ¡esto funciona!

La llave es esta conexión con lo Supremo, la Fuente de toda la luz y poder. Entiende este proceso: ¿Cómo la energía es captada desde una toma corriente? Los cables necesitan ser conectados. Antes el plástico o la “cobertura”, debe ser removida, y así la conexión podrá efectuarse apropiadamente, la corriente puede fluir y la energía puede ser distribuida donde sea. El método correcto tiene que ser aplicado. De la misma manera, sobre el Poder Supremo, Dios, ¿por qué es tan difícil conectarse a esta energía? Es por que la “cobertura” de la conciencia del cuerpo aún debe ser removida, de otra manera no podrá ser conectada.

Por lo que el primer paso para remover la “goma aislante” que encierra el alma, es la que llamamos conciencia del cuerpo, i.e. la experiencia de nosotros mismos como una identidad física.

Esto ocurre a través de los pensamientos, ya que es a través de los pensamientos que la conciencia es creada. Cuando creas esta conciencia de tu identidad espiritual, comenzaras esa conexión interna en pocos minutos. Si te mantienes en esa conciencia por unos momentos definitivamente experimentarás nuevos sentimientos en lo profundo de tu ser. Estos nuevos sentimientos gradualmente tendrán influencia no solo en cómo ves las cosas, sino también en cómo te comportas.

La espiritualidad es para ayudarte a entender y transformarte a ti mismo. Es para ayudarte en hacer más en tu vida. Aclara tus ideas e ideales, por lo que puedes saber lo que realmente quieres y necesitas. El cambio real todos lo queremos ver en el mundo – justicia, libertad, igualdad, abundancia, amor – pasará cuando suficientes individuos vuelvan a vivir con valores humanitarios, desde los corazones y mentes que han sido abiertos y conectados. Este tipo de cambio ocurre a través de la espiritualidad. Simplemente entiende el primer paso – conectarte tu mismo. Practica esto y observa cómo todas tus actitudes y fuerzas interiores se desarrollaran, y cómo esto influencia positivamente la manera en que vives tu vida- la forma que eres. Somos especies orientadas a la acción, pero también somos muy espirituales. Nuestro futuro depende de qué tan exitosamente ponemos la teoría espiritual en la práctica física.

Fuente: Redacto Administradores, Francisco Alcaide Hernández, www.inteligencia-emocional.org, Gerardo Velásquez- Psicólogo, Paolo Cesco – Fundación Hans Selye, Brahma Kumaris World Spiritual University. Ing. Ricardo E. González O.

16 thoughts on “El buen profesional, ¿nace o se hace?

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